El cashmere es una fibra noble. Nace en tierras frías y silenciosas, donde la cabra Capra Hircus Laniger desarrolla un manto suave y cálido para protegerse del invierno. Durante generaciones, las comunidades de Mongolia Interior recolectan este material extraordinario con respeto, paciencia y una profunda conexión con la naturaleza. A partir de esa tradición, confeccionamos piezas pensadas para acompañar la vida cotidiana con ligereza, suavidad y autenticidad.

Cuidar el cashmere prolonga esa historia: honra el trabajo artesanal, conserva la belleza de la fibra y permite que cada prenda envejezca con gracia, como ocurre con todos los materiales verdaderamente excepcionales.

Respirar, el primer principio de conservación

El cashmere necesita poco para mantenerse en su mejor forma. Una prenda de esta calidad agradece el aire frío y limpio mucho más que los lavados frecuentes. Unas horas al aire libre bastan para que la fibra recupere su frescura natural. El cashmere es autolimpiante por naturaleza; dejarlo respirar es la manera más amable y consciente de protegerlo.

Sobre el pilling

Las pequeñas bolitas que pueden aparecer en la superficie forman parte del proceso natural de una fibra tan delicada. No representan un defecto, sino el resultado de los primeros roces entre la prenda y el movimiento del cuerpo. Es posible retirarlas con suavidad, con la mano o con un peine especial. Con el paso del tiempo, estas apariciones se vuelven menos frecuentes y la prenda adquiere una textura más estable.

Evitar la fricción con superficies ásperas, correas o cierres ayuda a preservar la integridad del tejido. También es aconsejable mantener las uñas bien limadas, ya que bordes irregulares pueden enganchar la fibra y dañarla sin que uno lo perciba.

El ritual del lavado

Cuando la prenda necesita limpieza, el gesto debe ser cuidadoso. Recomendamos lavarla a mano, en agua fría o tibia hasta 30°C, con un detergente suave y libre de blanqueadores. La ausencia de fricción, retorcido o movimientos bruscos preserva la estructura del tejido.

Después del lavado, la prenda debe descansar sobre una superficie plana hasta secarse. Es mejor evitar perchas, máquinas, calor excesivo o centrifugación, ya que estos factores alteran la forma y el carácter de la fibra. Este método de secado respeta su esencia y asegura que conserve su caída original.

Un material que evoluciona con vos

El cashmere de alta calidad acompaña durante muchos años. Con el tiempo adopta la temperatura de la piel, se adapta con sutileza al modo de vestir de cada persona y desarrolla una suavidad aún más profunda. Su belleza surge de esta evolución. Cada cuidado recuerda que las prendas valiosas no solo se usan, sino que también se preservan.